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Los actos de Eduardo Ramírez con Ricardo Monreal

Editorial
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En Chiapas los procesos políticos electorales se han definido en la Ciudad de México. Ahí se deciden las candidaturas a gobernador y eso ha ocasionado que exista un distanciamiento entre los problemas de la población con el ejercicio del poder. Es decir, que los gobernadores no se sientan comprometidos con la búsqueda de la mejora de las condiciones de la entidad, en virtud en que sus compromisos están en el centro del país y no con los electores a quien no les debe nada. Por esta situación, Chiapas se caracteriza por tener gobiernos desafortunados.

En las elecciones del 2024 la disputa se perfila entre un candidato emanado de la Ciudad de México o uno que construya una base social en Chiapas, que cambie los designios del centralismo, que ha jugado un papel determinante en el atraso social en Chiapas y ha impedido un ejercicio político en libertad y ocasionado, al mismo tiempo, una subordinación política de los intereses locales a los intereses del presidente en turno, en el que Chiapas no define un proyecto social propio sino que se incorpora con sumisión al proyecto nacional, aún y cuando éste sea contrario a lo que Chiapas requiere, como sucedió con el gobierno de Zedillo después del levantamiento zapatista, que enfrentó a las comunidades indígenas a través de la paramilitarización y como sucede actualmente en este gobierno, en el que se ofreció que iba a ser el sexenio para Chiapas y se continúa manteniendo gobiernos malogrados.

El escenario político para Chiapas se definió el fin de semana pasado, con los actos realizados por Eduardo Ramírez en compañía de Ricardo Monreal, en el que se inició formalmente la campaña a la gubernatura de Chiapas. Anteriormente, Zoé Robledo había realizado un acto similar en el mes de febrero, en donde le concentraron seguidores para vitorear como futuro gobernador de Chiapas, en el que no se ha ocultado el apoyo presidencial de López Obrador para este proyecto. Estos son los dos personajes que se disputarán la gubernatura, aún y cuando existan otros aspirantes haciendo proselitismo, algunos rayando en la ridiculez, como la promoción del Dr. Pepe Cruz o de Jorge Luis Llaven Abarca, que indica el interés del propio gobierno de mandar un mensaje en que sí es posible tener un gobernador peor al desempeño de Rutilio Escandón.

Los actos políticos realizados por Eduardo Ramírez  son una señal de resistencia a la elección de gobernador de Chiapas por un solo hombre, y esto obliga a que haya una verdadera competencia política en la entidad. Esta acción de resistencia va a venir acompañada de ataques y descalificaciones, sobre todo, de parte del gobierno, que es la instancia que financia las campañas mediáticas.

Esta disputa por la gubernatura va a crear un clima político de ataques anónimos y de acusaciones inverosímiles que buscan desprestigiar a  los candidatos, en el que van a participar periodistas e influencer en uno y otro bando, en donde va a quedar de manifiesto la pobreza de la cultura política en la entidad, en mucho, debido a que el centralismo político ha impedido el libre desarrollo de Chiapas, en el que siempre se ha impuesto un gobernador, sin determinar cuáles son los intereses que se deben de promover para el bien de Chiapas.