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La disputa en la sucesión adelantada

Editorial
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La sucesión adelantada está provocando que la ausencia de gobierno en Chiapas sea más evidente y de mayores riesgos sociales, no sólo porque se invisibiliza aún más la figura del gobernador sino porque se están formando grupos y periodistas que polarizan entre sí y que abren la posibilidad que el partido en el gobierno no se presente en unidad, al haber desaparecido la disciplina partidista que caracterizó los procesos sucesorios en el régimen del PRI.

Frente a esta campaña adelantada existe otra campaña que debilita el frágil accionar del gobierno, que es la presencia creciente de la delincuencia organizada que en su accionar estableció el control de varios puntos del territorio, en la que sustituye el papel del Estado, sin que el gobierno federal realice las acciones conducentes para recuperar el orden para restablecer la rectoría del Estado; situación que se recrudece por el rumor de un interinato, en el que el propio presidente tuvo que acudir a Chiapas para enviar el mensaje de respaldo al gobernador para acallar esos rumores.

Sin embargo, la realidad política es que el gobernador se encuentra imposibilitado en estos momentos para dar un manotazo en la mesa y parar de raíz a los pretensos para que ya no le sigan alborotando la plaza, en virtud de que el banderazo de salida para la sucesión política la dio el propio presidente de la república al enviar a Zoé Robledo a promover su imagen a Chiapas, señal que pretende indicar que la sucesión está definida, como si fueran los viejos tiempo del PRI, en que las decisiones del presidente no se cuestionaban y mucho menos se oponían, pero la realidad es distinta y ya se evidenció el pasado fin de semana que no solo hay resistencia sino que puede haber competencia política en la elección a gobernador.

Sorprende que desde la ridiculez preocupante que significa la intención de algunos aspirantes, haya muchos interesados en gobernar Chiapas, en virtud de que la entidad hoy representa condiciones de vulnerabilidad y riesgos políticos por la situación tan conflictiva que tiene el Estado, en donde las redes de criminalidad se están imbricando con las protestas sociales, situación que conforma un cóctel de peligrosidad social, que la mayoría de los pretensos no identifican, en aras de promover proyectos personales sobre el interés general, de lo que más necesita en estos momentos Chiapas para cambiar los rumbos de pobreza, desigualdad social e injusticia, que se instauró estructuralmente.

La sucesión adelantada se percibe como un golpe de daños sociales incalculables, en donde los problemas de gobernabilidad y de seguridad se entrelazan con la presencia de redes de macrocriminalidad, en el que Chiapas se percibe como un botín político alejado de lo que debe ser un proyecto social de gobierno.