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El fracaso de la Cuarta transformación

Editorial
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El PRI no solo fue un partido hegemónico en México sino que representa una cultura política, caracterizada por la antidemocracia y la corrupción. Esta cultura política permeó las instituciones en México y permeó el pensamiento y las prácticas de los partidos políticos. Por eso Morena se parece al PRI, aunque lo critica y quisiera distanciarse. Dicho en otras palabras, Morena fue construido a la imagen y semejanza del PRI y no podía ser de otra manera, pues lo que conocía su fundador era las prácticas y el funcionamiento del PRI.

La cultura del PRI predomina en la conducta de los mexicanos, a tal grado, que las prácticas antidemocráticas no causan malestar en la ciudadanía pues están normalizadas. Por eso el propio presidente López Obrador minimizó el cochinero de las elecciones internas de consejeros en Morena y terminó no solo justificando sino legitimando el proceso, sin darse cuenta que con esa actitud cierra la posibilidad de la transformación de México que tanto pregona, en virtud de que la  transformación fundamental del sistema político mexicano es la vida democrática, que conduce a la división real de poderes y a los límites del poder del presidente.

Sin democracia no hay transformación, por eso después de lo que pasó con las elecciones internas de Morena, la supuesta cuarta transformación del país son puras palabrerías y lo que estamos viviendo en realidad, es la restauración del PRI con su cuarta transformación; nació como PNR, Cárdenas lo transformó en PRM, y luego Alemán Valdez lo transformó en PRI, para que López Obrador lo haya transformado en MORENA. Y con esto se busca consolidar de nuevo un partido hegemónico, en un régimen político supuestamente renovado, en el que se apropió el discurso de una izquierda.

El justificar el cochinero de las elecciones en Morena es validar la inducción y compra de votos, el empleo de los programas sociales como mecanismo electoral, el acarreo de votantes, la quema y robo de urnas, el relleno de votos en las urnas. Considerar, como lo hacen los dirigentes de Morena, que las irregularidades fueron mínimas es validar las prácticas del viejo PRI y abandonar la ilusión de la transformación.

El gobierno de Morena, dentro de su proyecto, no se propone la construcción de un nuevo ciudadano, que representaría en otras palabras, un nuevo mexicano, lo que sería realmente un proyecto transformador. La construcción de un nuevo mexicano implicaría el abandono de la cultura del PRI y la asimilación de una cultura democrática. Esto representaría el reconocimiento de los otros como otros y no como enemigos políticos, lo que supone el reconocimiento de los derechos de las minorías y el reconocimiento de que esas minorías puedan llegar a convertirse en determinado momento en mayoría. Esto no está en la cabeza de los dirigentes de Morena, que quieren convertir a este partido en el partido único como sucedió en los orígenes del PRI, en el que se perseguía y sometía a la oposición y en donde no se permitía ninguna expresión de disidencia.