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El proyecto de Universidad

Editorial
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En la Universidad Autónoma de Chiapas se adelantaron los tiempos de la sucesión de Rector y con ello se perdieron las formas institucionales. Por un lado, surge un grupo que se autodenomina Dignidad Universitaria, que difunde una parodia de una canción popular que tiene como estribillo la frase sacaremos a ese buey de la barranca, que busca ridiculizar y deteriorar la imagen del rector; por el otro lado, están los grupos de apoyo que se pronuncian por la reelección del Rector y que el viernes pasado organizaron una marcha con una mayoría de acarreados, que desprestigia a la universidad y a los universitarios, en el que se invisibilizan las posturas críticas y reflexivas de la universidad y donde prevalece la sumisión, el sometimiento y la sobrevivencia de los trabajadores universitarios. Ambas posturas conducen a un choque entre universitarios y en ese posible enfrentamiento se pierde de vista el papel que debe jugar la universidad en la sociedad, sobre todo, en una sociedad como la de Chiapas, con una pobreza lacerante, en la que esa pobreza conduce a una baja calidad de la vida democrática, en donde la universidad no participa en la construcción de posibles alternativas de mejoras sociales.

La Universidad, con los resultados que tiene, no responde a las necesidades de Chiapas y no está siendo útil. Esto es algo que no debe descuidarse al interior de la universidad, en donde la disputa no debiera ser entre quien ocupa la posición de Rector sino cuál debe ser el proyecto de universidad que se requiere, para incidir en la mejora de la vida pública en la sociedad chiapaneca.

La UNACH se establece sobre el discurso de la Responsabilidad Social Universitaria, pero en los hechos, poco realiza en el cumplimiento de este principio universitario: una cosa es lo que se dice y otra lo que se hace. A tal grado, que en la UNACH se persigue a los que piensan distinto al Rector, se les intimida e incluso se les despide. Sobre los hechos se construyó una Ley Mordaza, y en una reforma al Estatuto de la Universidad, aprobada a escondidas y al margen de la comunidad universitaria, el artículo 33 lo establece con claridad la mordaza en el último párrafo, cuando textualmente señala: “La lealtad institucional también implica la obligación ética que tiene la y el docente de abstenerse de hacer comentarios que perjudiquen el prestigio de la Universidad”.

Ese Estatuto, de reciente aprobación, resulta un galimatías. En el artículo 32 establece como valores de la institución, entre otros, la legalidad, la participación responsable, el respeto irrestricto a los derechos humanos y universitarios y la democracia. Todos estos valores universitarios, el Rector los violó de manera simultánea en el momento de la aprobación de un Estatuto Integral, que no fue discutido por la comunidad universitaria; Estatuto que contiene visos de ilegalidad, al contravenir disposiciones de la Ley Superior de la Educación Superior y que son contrarios al ejercicio democrático y a los derechos humanos y universitarios. Pero estos valores que la Rectoría aprobó en el Consejo Universitario, al margen de la comunidad universitaria,  fueron puestos en cuestionamiento por la marcha autoorganizada por la rectoría, en contubernio con los líderes sindicales, que movilizaron a trabajadores y estudiantes acríticos y sumisos.

La disputa de la Universidad debe darse en torno de un proyecto universitario en el que se refunde la universidad. Este proyecto debe ser resultado de una discusión colectiva, en razón de que la universidad es en sí un proyecto colectivo y no un proyecto personal, en donde la única palabra que cuenta es la del Rector, quien desafortunadamente no ha mostrado que tiene un proyecto de universidad.