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Tue, Jan
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Los problemas que se vienen

Editorial
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Chiapas padece una serie de problemas sociales con larga trayectoria histórica de desatención y rezagos, que se vienen acentuando en este gobierno. Entre ellos se encuentran asuntos agrarios mal atendidos, deficiencias en salud, educación, vivienda, justicia, pobreza extrema, desempleo, violencia comunitaria, etc., etc. A esos hay que agregarle los problemas actuales: crisis fiscal, endeudamiento público, un programa de austeridad mal empleado, ineficacia administrativa, corrupción, deficiencia de servicios, improvisación de funcionarios, ocurrencia gubernamental, impunidad,  insatisfacción ciudadana,  la protesta de la población  migrante estacionada en los municipios fronterizos y el incremento y lucha por el control del territorio por grupos de la delincuencia organizada.

Los riesgos de gobernabilidad en la entidad no sólo son reales sino que se viven a diario.  La cantidad de demandas de la población sobrepasan en mucho a la capacidad de respuesta del gobierno, que incrementa a diario su déficit en la capacidad de respuesta, debido a su falta de operación política y a su ineficiencia en el manejo de los recursos públicos, que tiene paralizada las principales actividades económicas y no atiende con eficacia las demandas campesinas, aún y cuando haya disponibilidad de los recursos federales.

Los conflictos indígenas en Chenalhó, Aldama, Pantelhó, Oxchuc, Chilón, Tila y Chamula, hacen evidente que en el gobierno de Rutilio Escandón existe una grave ausencia del manejo de la situación política, que se complica por la indiferencia gubernamental y la ausencia de un programa de inversión pública en las comunidades; a ello hay que agregar la violencia ocasionada por la delincuencia organizada en San Cristóbal, Frontera Comalapa, Pueblo Nuevo, Rincón Chamula, Jiquipilas y Coita.

Este escenario en la entidad muestra la debilidad de un gobierno, que por su falta de capacidad para construir acuerdos políticos, apuesta a la intervención de la Guardia Nacional y a la violencia institucionalizada, que en los casos de San Cristóbal y en Pantelhó no ha dado los resultados esperados. En este sentido, el escenario político no puede ser más delicado, en donde se combinan el conflicto social con la crisis económica, todo ello aderezado con un gabinete sin oficio y sin experiencia, que aún no se ha dado cuenta de las dimensiones de los problemas que tiene en jaque a la entidad.

Para mejorar la cara de esta situación, el gobierno requiere mejorar su operación política, atender con eficacia los problemas y realizar una inversión pública  inmediata, tanto en el campo como en las ciudades, con una lógica de construir gobernabilidad. El gobierno de Rutilio Escandón ya no puede seguir postergando un ejercicio eficaz del presupuesto público, ni debe continuar beneficiando con las compras y con la asignación de obras a empresas de Tabasco, y menos debe mantener los recursos públicos en el sistema de especulación financiera.

El desastre político y económico en la entidad, aderezado con el problema de los migrantes y la violencia de los grupos de la delincuencia organizada que está a punto de desbordarse, representa una amenaza para la seguridad nacional del país, y más en esta coyuntura de adelanto de los tiempos políticos en donde la fragilidad del gobierno es propicia para un incremento de la violencia en la entidad, en el que no hay gobernador y el incremento de la violencia puede ocasionar una presión política para un posible interinato.