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Lecciones en la democracia

Editorial
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El clima político que se viene construyendo en el país es poco propicio para la vida democrática, sobre todo porque desde el principal círculo del poder gubernamental se busca proscribir actividades o acciones de la oposición, a punto tal que criticar al gobierno se convirtió en un grave delito: traición a la patria. Esto significa simple y llanamente un acotamiento a los derechos y libertades políticas, en el que se está limitando la libertad de expresión y obviamente el derecho a disentir.

En la democracia son válidos los ejercicios de campañas en contra del gobierno, es más, una función de los grupos de oposición es precisamente el de oponerse al gobierno y esto es una democracia es una práctica cotidiana; pero a la vez, en una democracia también son válidos los ejercicios que buscan construir la legitimidad del gobernante. Al respecto, el buen ejercicio de gobierno lo que busca es construir todos los días legitimidad y uno de los propósitos de la eficacia en el gobierno es el de ganar las elecciones y con ello buscar la reelección del partido gobernante. Por eso resulta desproporcionado que desde la presidencia de la república se realicen campañas y señalamientos en contra de la oposición y de manera sutil se prohíba la crítica y el disentimiento, debido a que el gobierno todos los días busca construir legitimidad y la conferencia mañanera se convirtió en un instrumento de legitimidad de las políticas del gobierno, pero desafortunada e indebidamente también se convirtió en el principal espacio para satirizar y descalificar a los grupos que tienen el derecho de disentir y expresar su disentimiento en contra del gobierno.

En realidad, el ejercicio de gobierno es más complejo en un régimen democrático que en una dictadura. Y la complejidad del gobierno reside en que la oposición, en la democracia, tiene derechos y libertades y busca ejercerlos plenamente; uno de los propósitos de todo movimiento opositor es el de sustituir a la fuerza gobernante, desplazarla en el siguiente proceso electoral y la obligación del Estado es respetar, proteger y garantizar los derechos de la minoría en los esfuerzos de construir gobierno de alternancia. Una mayoría que no respeta ni protege los derechos de las minorías se convierten en una tiranía de la mayoría, como acertadamente lo señaló Alexis de Tocqueville en su obra la Democracia en América.

En contrasentido, en las dictaduras es más simple gobernar porque están prohibidas las libertades políticas y porque se castiga cualquier acto opositor que incomode al gobernante. No hay libertad de prensa y los líderes opositores son perseguidos, expulsados, encarcelados o ejecutados.

En concreto, las democracias tienen mayores dificultades para gobernar porque la oposición y los grupos minoritarios tienen derechos. Y lo que está sucediendo en México con los discursos y mensajes presidenciales en contra de sus opositores es una práctica de los gobiernos autoritarios y no de la democracia. Ayer con la configuración de un nuevo grupo de personalidades, en el que destaca la figura icónica de Cuauhtémoc Cárdenas, uno de los artífices de la transición del régimen del PRI a la vida democrática resulta más que significativa, sobre todo, porque una debilidad de la propia democracia, es que a través de las elecciones libres y democráticas se pueden llegar a construir gobiernos que transgreden a la democracia y la terminan subvirtiendo. Esto es una historia recurrente en los países sudamericanos y en México se muestra signos similares, que evidencian que la frágil democracia mexicana se encuentra en riesgo de un retroceso, y que, paradójicamente, haya la necesidad de impulsar un amplio movimiento ciudadano para proteger y consolidar las prácticas y las instituciones democráticas de cualquier deseo tiránico, que busque afectar los derechos y las libertades en el país.