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La operación cicatriz

Editorial
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La definición de la candidatura en Morena, a favor de Claudia Sheinbaum, no fue tersa y uno de los activos importantes de ese partido, Marcelo Ebrard, terminó impugnando el proceso y hasta este momento no se conoce a ciencia cierta cuál va a ser su postura final, pero ya hay voces que le dan trato de traidor y por lo mismo lo ven fuera del partido, lo que estaría provocando una ruptura, algo que no le conviene a Morena, y menos a la que es su candidata, por la pérdida de legitimidad y porque se desacredita el proceso; de allí que se tenga hasta el día lunes, en que Marcelo definirá su futuro para realizar la operación cicatriz y cerrar filas en torno a Claudia Sheinbaum.

Hay una interpretación equivocada sobre los señalamientos que realiza Ebrard. Marcelo lo que está exigiendo es transparencia y legalidad en el proceso, dos aspectos que en realidad no tienen importancia alguna si estuviera claramente establecidas las reglas de un proceso democrático. Al cerrarse la posibilidad de la legalidad, entonces las declaraciones de Marcelo Ebrard adquieren matices de peligrosidad, porque en el fondo lo que denuncia son la existencia de delitos electorales, que deben ser investigados por la autoridad electoral y sancionados. Marcelo denuncia dos cosas: uso de recursos públicos y la injerencia de gobernadores y funcionarios federales en el proceso. Dos cosas que no deben echarse en saco roto, en virtud de que son ciertas y comprobables.

Esto hace necesario la operación cicatriz, pero todo parece indicar, que eso no está en el escenario ni en los propósitos del presidente de la república, quien finalmente es el que definió la candidatura a favor de Claudia Sheinbaum, situación que reproduce los mismos patrones del dedazo instituidos en el régimen del PRI, en el que desafortunadamente, se desarrolló e institucionalizó una cultura política, que se reproduce en Morena, porque finalmente no existe otra cultura política en el país y no hay de donde aprender sino de las prácticas del PRI, aspecto que normaliza los vicios políticos y la antidemocracia del pasado. Esto dificulta realmente la operación cicatriz al constituirse escenarios políticos diferentes, entre quienes parados en el piso, realizan una reflexión política y quien sentado en el poder, mantiene su mirada hacia el infinito, y piensa en la inmortalidad.

La decisión final de Marcelo tiene relevancia, por lo que implica una candidatura de unidad, pero esto no está en el ánimo de un amplio sector de Morena, que ya emitió la sentencia de traición, y en donde las gobernadoras y gobernadores de Morena publicaron un desplegado, a todas luces desafortunado y cargado de falsedad, que no ayuda a la legalidad ni a la transparencia, al ser muchos de ellos parte de los señalamientos y denuncias que realiza Marcelo Ebrard, en el que es inocultable el uso de recursos públicos, como realmente sucedió en Chiapas a favor de Adán Augusto López, en donde solo el cierre de su campaña en la entidad, realizado en Tuxtla Gutiérrez, tuvo un costo superior a los 30 millones de pesos.

El proceso interno de selección de candidatos tanto en el Frente Amplio como en Morena y sus aliados es inédito y en ambas situaciones es perfectible. Pero lo que no se puede ocultar es la baja calidad democrática que prevalece en el país y que se manifiesta en la base dirigente y en los actores políticos fundamentales, que no terminan de dar el salto a la transición democrática y en la que, disfrazados de demócratas  reproducen la cultura del PRI y como en el pasado, niegan los delitos y publican desplegados de autocomplacencia.