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¿Quién es el responsable del desorden en Chiapas?

Editorial
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El Estado es el responsable de construir el orden público y de garantizar la seguridad de las personas y sus bienes. Esto no viene sucediendo en Chiapas, en donde distintos grupos, con perspectivas y finalidades diferentes, –grupo paramilitar, de autodefensa y delincuencia organizada- imponen su propia ley y condiciones en gran parte del territorio chiapaneco, ya sea en los Altos de Chiapas, ya sea en Pantelhó o Altamirano, o en San Cristóbal y toda la franja fronteriza de la Sierra, en donde estos grupos armados no sólo retan al Estado sino que actúan en total impunidad y sobre la base de los hechos lo sustituyen, son un nuevo tipo de Estado..

Todo esto sucede por la inacción de un gobierno que se caracteriza por la indiferencia a la protesta social y que considera que es irrelevante gobernar, además de que mal ejerce un presupuesto de más de 100 mil millones de pesos anuales, sin que haya los resultados que se debieran esperar con este ejercicio, en donde se han destinado más de 500 mil millones de pesos en estos cinco años de administración, sin que se note la transformación de Chiapas que tanto vienen pregonando, en el que a los problemas de pobreza y desigualdad social se le agregan los problemas de gobernabilidad y de inseguridad.

La situación social de Chiapas se encuentra en iguales o peores condiciones de violencia que se viven en otras entidades del país. La diferencia sustancial de la violencia en Chiapas en relación con la violencia en las otras entidades, que entraña peor peligro, es que aquí la protesta social está contaminada con la delincuencia organizada, en el que existe una gran complejidad para identificar la legitimidad de una lucha social, con el papel que juega la delincuencia organizada. Y  esto es lo que ha descuidado la administración de Rutilio Escandón, al permitir y tolerar que los cuerpos de seguridad, algunas presidencias municipales y servidores públicos estén al servicio de la delincuencia organizada.

Para colmo de males, el gobernador Rutilio Escandón, en lugar de construir la gobernabilidad democrática que se requiere y combatir la delincuencia, se involucró de lleno en el proceso interno de las elecciones, primero promoviendo candidatos a la gubernatura del Estado y luego manoseando el proceso interno para imponer candidatos al senado, a las diputaciones federales, a las presidencias municipales y a las diputaciones locales, con puro personaje –hombres y mujeres impresentables-, cuyas cfandidaturas se pueden resumir en una sola palabra: escoria.

Rutilio Escandón deja como herencia al nuevo gobierno un territorio de Chiapas todo minado. Las tareas del próximo gobierno son reconstruir Chiapas; tarea nada fácil, porque todo es prioritario, la seguridad, la gobernabilidad democrática, el combate a la pobreza, la reactivación del campo, el respeto a los derechos humanos, la mejora de la educación, la garantía de los servicios de salud, todo esto en condiciones de malestar social, en el que se requiere de la participación de los mejores hombre y mujeres de Chiapas para poder dar respuestas a toda la problemática que se le viene al próximo gobierno, en condiciones sociales en el que a corto plazo resulta más viable que las cosas se descompongan a que se controle el desorden dejado por un gobierno fatuo, sin inteligencia ni sensibilidad, que convirtió en oropel las decisiones políticas importantes.