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Gobernar Chiapas

Editorial
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En la recta final del proceso electoral, el candidato de Morena a la gubernatura de Chiapas, Eduardo Ramírez, decidió jugar en tres dimensiones, lo que le permite tener el control político del proceso: lo primero que hizo fue cuidar que en su discurso se hable de continuidad o de construir el segundo piso de la cuarta transformación en la entidad,  discurso que viene realizando Morena en el país, sobre todo, porque en Chiapas no puede haber continuidad de un gobierno que permitió e incluso estimuló el crecimiento del crimen organizado en la entidad y ocasionó que la seguridad sea hoy la principal demanda de la población; pero sobre todo, no puede haber continuidad ni un segundo piso, de un gobierno frívolo que nunca tomó decisiones políticas y que hoy día tiene solo un 5.1% de aprobación, lo que significa que el gobierno de Rutilio Escandón está reprobado en todos los aspectos y que representa una carga para el candidato.

La segunda dimensión de la campaña que construyó Eduardo Ramírez, fue la difícil tarea de unir a los divididos, particularmente en la elección para la presidencia municipal de Tuxtla Gutiérrez, en la que hubo muchos aspirantes y en la misma se impuso a un candidato sin los antecedentes políticos para aspirar a la presidencia, en el que se cuestiona su oriundez, por haber vivido muchos años en Tabasco y por estar involucrado con este grupo político, señalado por haber depredado el presupuesto de la entidad y con varias acusaciones de haber asignado obras y contratos a empresas fantasmas. La tarea de unir a los divididos, resultó una operación política, hasta ahora eficaz, al incorporar a los aspirantes en la presidencia de Tuxtla, en tareas de la campaña, lo que evitó la desbandada y el malestar en simpatizantes de Morena, que los ponía en condiciones difíciles la contienda en Tuxtla Gutiérrez, en donde existe la única oposición en Chiapas, encabezada por el Dr. Paco Rojas, que va en busca por cuarta ocasión consecutiva por la presidencia municipal de la ciudad capital.

La tercera dimensión creada por el candidato Eduardo Ramírez, es la de tomar en sus propias manos el control electoral, en razón de que la mayoría de los candidatos –por no decir la totalidad-, carecen de capital político, y en una contienda con competencia electoral no tendrían posibilidades de obtener el triunfo. Dicho en otras palabras, fuera de los votos que el propio Eduardo Ramírez posee, no hay candidatos de su alianza partidaria que le aporte votos nuevos. Y en esta perspectiva, él debe de construir las condiciones para posibilitar el triunfo de Morena en los 13 distritos electorales federales y en las tres senadurías en disputa y evitar una sorpresa en el municipio de Tuxtla Gutiérrez.

El triunfo de la gubernatura en Chiapas se definió desde el momento mismo en que Eduardo Ramírez fue nombrado candidato de Morena, era el de mayor trabajo político y el de mejor estructura electoral, que lo convirtió en un candidato con el consenso y respaldo local, en un entidad en donde todos los nombramientos de gobernador han sido acordados desde el centro del país, y en donde hubo gobernadores sin arraigo y sin compromiso a Chiapas, y que cuando terminaron su gestión, se o0lvidaron de Chiapas y no mantuvieron su domicilio en la entidad.

La situación de Eduardo Ramírez es diferente, sobre él pesa la difícil responsabilidad que significa que él no tiene derecho a equivocarse, en condiciones complicadas porque Chiapas está destruido y hay todo por hacer; en donde el primer reto a vencer es la de construir gobierno en una sociedad que tiene 18 años sin gobierno.