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La guerra entre cárteles continúa

Editorial
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Hay un abandono de la seguridad en Chiapas, por eso continúa la guerra entre los cárteles tal y como se está viviendo en la Región de la Fraylesca, en donde la disputa por el control territorial se trasladó a la contienda política-electoral, y candidatos a las presidencias municipales tuvieron atentados e inclusive una candidata a La Concordia fue asesinada y otro, de Villa Corzo, fue emboscado en donde hubo varios muertos y heridos.

Este abandono se comprueba con el involucramiento de personal de Delegación de la Fiscalía General de la República con los dos grupos de narcotráfico en Chiapas, en el que una subdelegación de esa dependencia atiende de manera exclusiva al cartel Jalisco y otra subdelegación atiende al grupo de Sinaloa; pero esta situación también se presenta en la fiscalía del Estado, que también recibe sobornos de los dos cárteles y ya no se diga en la secretaría de seguridad pública, personal que ha sido señalado de levantar a personas y entregarlas a los grupos criminales. Esta es la situación de un Chiapas dominada por la violencia, con la pasividad e indiferencia de Rutilio Escandón, quien decidió dejar Chiapas en manos del crimen organizado.

El gobernador de la entidad y todos los funcionarios de las dependencias federales y estatales que participan y protegen las actividades de los grupos de la delincuencia organizada, son los responsables por acción, omisión y aquiescencia de los crímenes cometidos por estos grupos en Chiapas y en su momento deben ser sometidos a la investigación y castigo. Por eso en Chiapas no hay detenciones de la delincuencia organizada y cuando esta se presenta, las carpetas de investigación son integradas de tal forma, con pruebas fabricadas, que los jueces de control ordenan la inmediata liberación de los detenidos.

La pudrición de las dependencias responsables de la seguridad en la entidad se puede comprobar con el tráfico de migrantes y el trasiego de droga sobre la carretera costera de Tapachula a Arriaga, en donde se pasan ocho retenes de distintos cuerpos policíacos y de seguridad, sin que haya detenciones o decomisos. Y el paso de camiones y tráileres con migrantes es constante, que en torno de esta actividad ilícita se ha constituido todo un consorcio empresarial y se ha convertido en uno de los negocios más importante para la delincuencia organizada.

Los sucesos de ayer en la carretera de Villaflores-Villacorzo, son claros indicios de que la guerra entre los cárteles continúa, con pleno conocimiento de las dependencias federales y estatales responsables de la seguridad, quienes, en lugar de tomar las medidas preventivas para garantizar la seguridad, lo que realizan es retirar al personal, para no verse involucrados en los enfrentamientos; finalmente, la política presidencial de abrazos y no balazos los protege y justifica su actividad de no hacer frente a los grupos criminales, pero esto no justifica los vínculos y la protección que realizan a los grupos de la delincuencia organizada.