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Chiapas, los viejos y nuevos problemas

Editorial
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La ausencia de gobierno en Chiapas en los últimos 18 años ha ocasionado una peligrosa articulación de viejos y nuevos problemas sociales, que se vienen agudizando y que hace que el próximo gobierno se encuentre no solo con un camino minado sino con frágiles condiciones de gobernabilidad, en donde los conflictos le estallen secuencialmente, en el que resulta importante señalarlo desde ahora, que las difíciles condiciones de desigualdad en el Estado no se van a resolver en los próximos seis años de gobierno, por lo que las expectativas no deben ser altas, para no sufrir desilusiones.  

Los viejos problemas, como el conflicto agrario en Venustiano Carranza parecen irresolubles, en donde desafortunadamente cada uno de los grupos en pugna tiene acumulado decenas de personas asesinadas, sin que la ley se aplique y por lo tanto, sin que se haga justicia, situación que genera una acumulación de agravios, rencores y expulsión de comuneros. Otro problema que nom ha sido resuelto es el de los límites fronterizos entre los municipios de Chenalhó, Chalchihuitán y Aldama, que también tiene acumulados decenas de asesinatos y miles de desplazados forzosos, con fuerte presencia de grupos paramilitares, que al paso de los años están transitando a grupos de la delincuencia organizada.

Los casos de Tila y los Chimalapas son un claro ejemplo de la irresponsabilidad con la que se ha gobernado históricamente Chiapas. Sobre ambos lugares se publicaron en su momento las condiciones de conflicto que se producían, que engendraban una potencial violencia y no se tomaron las medidas preventivas.  En Tila existe un desacato al incumplimiento de una resolución de la Suprema Corte, en el que el gobernador debió de haber sido destituido e inhabilitado por ese incumplimiento, que ya ocasionó una decena de ejecuciones y miles de desplazados y en los Chimalapas no se recurrió adecuadamente y el gobernador se precipitó en dar cumplimiento a una ilegal resolución de la Suprema Corte, que despojó a Chiapas de 180 mil hectáreas de su territorio y que ahora los comuneros de Oaxaca pretenden expulsar de ese territorio a pobladores de Chiapas que cuentan con una certificación de dotación agraria en regla. Toda esa población se encuentra en total abandono de las autoridades de Chiapas y con el riesgo de que se presente en cualquier momento una masacre.

Un viejísimo problema en Chiapas es la ausencia de justicia y la poca funcionalidad de los tribunales, que requieren una sacudida, sobre todo, porque con la corrupción que prevalece en la procuración e impartición de justicia, se convirtió a Chiapas en una entidad con profundas carencias de derechos. Junto a este problema se acentúa la pobreza generalizada en la entidad, en donde ocho de cada diez personas en la entidad viven en la pobreza, situación que provoca el incumplimiento y la insatisfacción de derechos humanos, en el que millones de personas sufren a diario del problema al acceso al agua potable, en el que miles de niños se mueren por enfermedades que son prevenibles, con servicios de salud deficientes y con una educación con bajos niveles de calidad, que hacen poco competitivos los recursos humanos de Chiapas.

De los nuevos problemas en la entidad, son dos los que amenazan la gobernabilidad del Estado: la narcoviolencia, que obtuvo permiso en el actual gobierno y que produjo una guerra en varios puntos de la entidad y la migración internacional en municipios fronterizos, que convirtieron a Tapachula en una ciudad cárcel. El pésimo manejo migratorio del gobierno mexicano ha generado que una de las regiones más ricas de la entidad tenga un claro deterioro en la calidad de vida y el Estado se ha desentendido de esta problemática, simple y sencillamente porque en Chiapas no hay gobierno y sí varios funcionarios que se enriquecieron con el uso indebido de los recursos públicos.