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El legado de Pablo Salazar

Editorial
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Lo que parecía un debate político de altura e ilustrativo para los chiapanecos, Pablo Salazar lo abarató con su estilo de injurias, de falsas “verdades”, de soberbia y visceralidad.

Pablo miente con gran facilidad y mucho énfasis, que pareciera decir la verdad. Suele llenar de elogios desmesurados con quien quiere congraciarse y suele ser mordaz en sus ataques utilizando un lenguaje hiriente. Pero fuera de su oratoria demagógica no tiene la inteligencia ni la cultura que cree tener, aún y cuando busque ser convincente en su discurso.

En su video de contestación a José Antonio Aguilar Bodegas, Pablo inicia su ataque con el supuesto robo de las elecciones a la presidencia de Tapachula. Ese suceso es parcialmente cierto y eso lo sabe muy bien Pablo Salazar, que en ese momento era un contumaz priista convencido y jamás protestó por ese supuesto atropello que hoy emplea para injuriar. En efecto, en esas elecciones un grupo de priistas fueron detenidos con urnas por los militares, y el consejo electoral decidió anular las elecciones. Meses después se volvió a realizar el proceso electoral con los mismos contendientes: Antonio Valera Saa -que nunca fue un hombre de izquierda ni democrático como presume Pablo-, como candidato del Frente Democrático, que derivó en el PRD y Aguilar Bodegas como candidato del PRI. Éste último ganó esas elecciones de manera aplastante.  

Pablo Salazar en su lenguaje elocuente habla de su legado, pero esta palabra posee dos connotaciones: una material que está ligada a un bien o a una herencia o testamento y una inmaterial, que es simbólica, ligada a los valores, la honestidad, la ética; aquí existe también una connotación cultural, en donde el legado constituye una identidad que se transmite hacia el futuro de generación en generación.

Por lo anterior, resulta extraño y contradictorio que Pablo Salazar hable en el video de su legado. Sobre todo porque su legado a Chiapas fue el gobierno de Juan Sabines, por el que se le critica tanto. Pablo confunde las obras realizadas durante su gobierno como su legado a Chiapas y eso es lo más falso y destruible en su mensaje. Las obras se hicieron con recursos públicos; recursos que por cierto le proporcionó el gobierno federal, lo que significa que presume como suyas obras realizadas en Chiapas por el gobierno federal.

En realidad Pablo lo que deja es un legado familiar. A sus hijos les deja un dinero que sólo puede explicarse como producto de la corrupción del sistema, que dice criticar, pero del que resultó un beneficiario sustancioso. Quienes conocen a Pablo saben de su vida de miseria y no se explican que en 13 años como funcionario público –un año secretario de gobierno, seis años de senador y seis de gobernador-, se enriqueció a tal grado, que le permite estar sin trabajar, elucubrando ataques y conspiraciones las 24 horas del día.

El legado simbólico de Pablo es el de un facineroso. En la administración pública estatal desempeñó cargos en el que estaba impedido por ley ejercerlos; fue director jurídico de la secretaría de educación; fue subprocurador de justicia y fue secretario de gobierno, en los tres cargos estaba obligado a tener título y cédula profesional de abogado y no lo tenía. Nunca concluyó la licenciatura y se hizo de un título y cédula falso, para luego en su ejercicio de gobernador negociar por fin su título adquirido a través de acciones más que sospechosas.

El legado de Pablo se identifica con la violación de derechos humanos, no sólo por la agresión a la libertad de prensa sino también por la manera en que pervirtió a las instituciones. Tomó por asalto el tribunal de justicia para destituir al magistrado presidente  e imponer uno que estuviera a su servicio y luego mandó grupos a tomar el congreso local para imponer a personeros que se le subordinaran. Con esas acciones Pablo Salazar pisoteó cualquier proyecto democrático e impuso el terror como forma de gobierno. Hoy en la ignorancia de las personas manifiestan que en ese gobierno había orden, y lo más grave es que lo confunden con Estado de derecho y no, nunca hubo orden, sino terror e históricamente siempre ha sido más fácil gobernar desde la tiranía que dentro de la democracia.

El legado de Pablo es de vergüenza, en el que es innecesario hablar de la muerte de los niños en el hospital de Comitán, cuyo suceso se transmite de generación a generación como el de la irresponsabilidad de un gobierno. Él es un maestro de la mentira y está imposibilitado de hablar de honorabilidad, porque ésta nunca se conoció en su casa y no tuvo de donde aprenderla, ni él ni sus hermanos. A Pablo se le olvidó el mensaje  bíblico de Mateo que señala: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” “Por sus frutos los conoceréis”.