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La indiferencia el estilo de gobernar en Chiapas

Editorial
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Con un mínimo de responsabilidad y de compromiso para con Chiapas, el gobernador Manuel Velasco Coello debió de haber realizado, a la mitad de su sexenio, una rigurosa evaluación del desempeño de su gobierno, con el fin de identificar el cúmulo de errores, ausencias, irregularidades, corrupción, descuidos  y desaciertos cometidos por los distintos funcionarios, que terminaron provocando el crecimiento del malestar y el rechazo de la población en contra del gobernador y del partido verde.

 

Manuel Velasco Coello es muy afecto a las encuestas, por eso resulta inentendible que no haya tomado las decisiones adecuadas cuando se empezó a notar la caída de la aceptación del gobernante y hoy, los resultados lo sitúan como el peor gobernador de las entidades federativas del país, lo que representa un golpe a su egolatría, cultivada por sus colaboradores cercanos, que recurrentemente le mienten y le maquilan las malas noticias que suceden en Chiapas y le hacen creer que aún es presidenciable.

¿En qué momento el gobernador empezó a perder aceptación y consenso en ciertos sectores de la población, fundamentalmente de la Ciudad de Tuxtla Gutiérrez?

Su primer error lo cometió el día de su toma de posesión en donde hizo un reconocimiento desproporcionado al exgobernador Juan Sabines Guerrero, en la que evidenció el trato de impunidad que le iba a reverenciar al mayor saqueador de Chiapas. De ese error se desgranaron otros como el de no nombrar en ese instante su gabinete y el de incorporar a familiares como Juan Pablo Orantes Coello, que actuó y continúa actuando como un depredador del presupuesto público y el de permitir que su madre se involucrara en los asuntos del gobierno, a punto tal que en la percepción de la población se empezó a forjar la idea, en que era ella la que realmente  gobernaba la entidad.

El bono democrático del que tanto se presumió a partir del triunfo electoral del 2012  se empezó a esfumar el día de la toma de posesión; en la que se mostró una idea clara de que Velasco Coello supo ganó con amplio margen la gubernatura, pero que no tenía ni idea de qué era lo que se debía hacer para gobernar este Estado.

En el primer año de gobierno los gastos en publicidad fueron ofensivos en medio de un discurso que convocaba a la austeridad, pero que al  mismo tiempo denotaba un despilfarro de recursos públicos. La imagen del gobernador se sobreexpuso y terminó saturando el espectro visual de la población, que produjo el rechazo hacia el gobernante.

Los descuidos y la ligereza en los nombramientos del gabinete restó seriedad y en poco tiempo se tradujo en pérdida de legitimidad. De igual manera, la obsesión por ganar todo en las elecciones del 2015 salió contraproducente.; Chiapas no tiene una representación política digna en el Congreso de la Unión, como para negociar con el Ejecutivo una exención de la deuda pública y un mejor trato preferencial con la secretaría de hacienda. Pero además en los municipios indígenas se está viviendo una rebelión peligrosa en contra de las autoridades municipales, que muestra claros problemas de gobernabilidad en el territorio.

Chiapas vive hoy día una crisis política, social y financiera y sin embargo no se conoce que este gobierno esté tomando las previsiones necesarias para contrarrestar los efectos negativos de esa crisis y peor aún, manifiesta una indiferencia exacerbada, que deja claro que para los funcionarios el gobernar es una actividad irrelevante.  

Si Chiapas le importara en realidad a Manuel Velasco Coello, ya hubiera cambiado a su gabinete y hubiera buscado enviar claros mensajes de renovación y esperanza. Pero los días transcurren inexorablemente sin que haga nada y dejando que la crisis se agudice con la vaga creencia de que el tiempo resolverá por si sólo los problemas de Chiapas.