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Zoé, Rutilio y Gurría

Editorial
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La exclusión y la lucha política no ceja en el partido de Morena en Chiapas. Tal parece que nada cambió de la visita que realizó el 19 de febrero, Andrés Manuel López Obrador a Chiapas, al día de hoy, en que se comenta los resultados de la votación interna de los consejeros del día de ayer, en el que se definió la terna para Coordinador Organizativo Estatal en MORENA, en el que los resultados fue: Óscar Gurría, 36 votos; Zoé Robledo, 29 votos y Rutilio Escandón, 28 votos.

 

Estos resultados no demuestran quien está mejor posicionado sino  la pobre cultura política que existe entre los militantes de MORENA, que no logran entender lo que representa el proceso electoral del 2018 para Chiapas y mucho menos perciben la responsabilidad histórica que tienen los grupos autodenominados de izquierda con el cambio social, que no puede circunscribirse a una votación de minorías excluyente de consejeros de ese partido.

AMLO en la visita de febrero manifestó sus seguidores a no “pelearse”, por el contrario, los conminó a sumar fuerzas para lograr el cambio, el cambio que el país necesita. Ese día López Obrador envió un claro mensaje político de unidad, en el que se abre la posibilidad de incorporar a todas las corrientes políticas, ideológicas y religiosas, en torno de una propuesta en construcción hacia un nuevo proyecto de nación, pero que no ha sido entendido del todo por los propios seguidores y activistas de AMLO.

El mensaje de López Obrador ha sido reiterativo, en el que se reconoce que en este país hay una descomposición social, que  hace inviable la convivencia. Por ello propone una cuarta fase de reconstrucción de la nación –que inició con la Lucha de Independencia; luego con la Reforma y la restauración de la República y por último con la Revolución Mexicana-, pero esta cuarta etapa de reconstrucción, no puede realizarse sobre principios de exclusión, debido a que eso puede implicar un largo conflicto que dañaría todavía más a la nación. Esto significa que se requiere del esfuerzo y de la voluntad de las mayorías, en el que obviamente no se podría construir un nuevo proyecto de nación, sin el concurso e incluso colaboración, de los que durante décadas han ejercido el poder en el país.

Esta idea, no ha sido entendida por la multitud de los seguidores de AMLO en Chiapas, que como ese día, en el que se apostó al aplausómetro y se buscó desacreditar con silbidos a los contrarios, nuevamente el día de ayer se buscó privilegiar los proyectos personales al interior de MORENA, en donde se mostró la ausencia de unidad, pero más que eso, se evidenció la falta de crecimiento de los aspirantes a la gubernatura de MORENA.

De los tres finalistas resulta notorio que el de mayor inteligencia y el de mejor discurso es Zoé Robledo Aburto, sin embargo él no se ha desligado de sus nexos sabinistas, y en sus hombros carga el duro peso de la deuda pública que se contrajo en el gobierno de Sabines, donde Zoé Robledo fue diputado local y durante un período ocupó el cargo de presidente del Congreso.

Zoé Robledo sería un extraordinario candidato a la gubernatura, si decide convocar la integración de una Comisión de la Verdad, en el que los chiapanecos conozcamos la verdad de lo que sucedió con los préstamos por 20 mil millones de pesos que le fueron autorizados al exgobernador Juan Sabines.

Al respecto se requiere conocer cuáles fueron los proyectos de inversión productiva que Juan Sabines les envió de información soporte a los diputados locales para que le autorizaran los empréstitos; de igual manera se requiere conocer cómo se gastaron esos recursos; y, por último, se necesita saber cuáles fueron los resultados de esa millonaria inversión que se autorizó para Chiapas, sin que a la fecha se conozca a ciencia cierta cuáles fueron esos beneficios.

Zoé Robledo debe responder con responsabilidad sobre sus actos y aclarar sus nexos con Sabines. Si así lo hace, puede convertirse en un digno aspirante a la gubernatura.