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En el 2018 va a ganar el que destine más dinero

Editorial
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La calidad de la democracia en Chiapas es de una pobreza extrema. Los mayores fracasos de cualquier intento de un proyecto democrático, es la estructura tradicional que prevalece en todos los ámbitos de la vida en la entidad y el profundo rezago social que afecta a más de dos terceras partes de la población. Junto a ello se presenta una ausencia de reflexión teórica sobre la construcción de nuevas ciudadanías y más aún, una ausencia de prácticas de ciudadanías. Lo que posibilita que el Estado restrinja de modo abierto o sutil, el ejercicio efectivo de los derechos políticos, sociales y culturales.

 

Los procesos electorales en Chiapas no son ejercicios ciudadanos y menos son la expresión de la democracia, como el pensamiento liberal pretende hacer creer. Los procesos de elecciones locales o federales muestran un deterioro pleno del ejercicio del voto, en virtud de que la población con mayor pobreza y marginalidad en las zonas rurales y los cinturones de miseria en las ciudades es sacada a votar, inducida sobre todo por los apoyos gubernamentales de combate a la pobreza y por la compra del voto.

Este fenómeno, para males de la sociedad se ha institucionalizado, lo que se prevé que se reproduzca nuevamente en las elecciones del 2018, en la que, de manera concurrente, se elegirán diputados locales, los ayuntamientos municipales, diputados federales, Senadores, gobernador y presidente de la república, lo que la hará una elección muy cara y el triunfo de los candidatos estará determinado no por las ideas o proyectos sino por el monto de recursos que destinen los candidatos.

El deterioro de las prácticas políticas provoca entre los candidatos y los partidos una movilidad política exagerada, en la que ya no existen principios ni ideologías, sólo intereses personales. Lo que genera que aspirantes del PRI aparezcan como candidatos del Verde, candidatos con una militancia en la izquierda aparecen como candidatos de partidos satélites del gobierno, como sucede con Mover a Chiapas. Militantes tradicionales de la derecha del PAN, deciden participar como candidatos de una alianza entre el PRI y el Partido Verde. Esto evidencia la ausencia plena de una cultura democrática no sólo entre la población sino fundamentalmente de los activistas en los partidos.

La democracia no se limita al solo ejercicio del voto ni al proceso de selección sobre cómo y quién es el que va a tomar las decisiones por todos. El proyecto de la democracia es más una forma de vida que un conjunto de normas y procedimientos. De allí que una regla básica, que en ocasiones se toma como perogrullada, señala que no puede haber democracia si no hay personas que practiquen la democracia.

Chiapas vive tres problemas históricos que solo se podrán resolver con el establecimiento de un proyecto democrático. El primero, una ausencia total de un sistema eficiente de impartición de justicia ; el segundo, una violación recurrente de los derechos humanos, y, la tercera, una ausencia de desarrollo económico que reproduce la pobreza y que dificulta la proporción de los derechos básicos a la población.

Estos problemas no se van a resolver en el corto plazo, y menos si se llega al proceso electoral de 2018, sin un proyecto claro de gobierno participativo, que despierte el sentir de los chiapanecos y que asuma un compromiso social de mejorara de la vida pública y de los niveles de bienestar de la población.