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Lo peor de la crisis está por venir

Editorial
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A dos semanas del tercer quinto informe de gobierno de Enrique Peña Nieto, el país parece estacionado en una severa crisis, que paraliza al proyecto de reformas estructurales, que orgullosamente el presidente de la república presumió en su segundo informe de gobierno.

 

El panorama del país, del presidente y de su partido, cambió radicalmente después del primer año de gobierno. El peso continúa en la peor devaluación de su historia; los precios del barril del petróleo se encuentra por debajo de los 50 dólares; la popularidad del presidente se encuentra en menos del 20%; la pobreza creció en lo que va de este gobierno y las expectativas del crecimiento económico van a la baja. Simplemente la economía del país no crece.

Junto a esta crisis, el gobierno padece un desprestigio internacional por las prácticas de violación a los derechos humanos, en donde los casos de Ayotzinapa y Tlatlaya, descompusieron las condiciones políticas del régimen.

En este sentido, las condiciones en torno del quinto informe de gobierno no podían estar peor para el presidente, que de acuerdo a la tradición política mexicana, el quinto año representa la conclusión del sexenio, pues el sexto le corresponde al fortalecimiento del candidato, que anda en campaña y luego se apresta a conformar su gabinete. Lo significativo de este gobierno, es que la presidencia de Peña Nieto de manera anticipada, entró en una fase de descomposición, lo que produjo un debilitamiento del presidencialismo en México, situación que le dificulta capacidad para influir en el triunfo del candidato presidencial  de su partido.

Las generaciones que nacieron a partir de la década de los 50s y los 60s del siglo pasado, no conocen otro escenario que la crisis económica. A partir de 1976, en la que el peso empezó a tener una devaluación crónica que nos afecta hasta nuestros días, el discurso recurrente ha sido el de amarrarse el cinturón, combinado con la necesidad de la toma de decisiones difíciles, que muestra al mismo tiempo un discurso esperanzador, en la que se señala que la crisis es pasajera.

Desde el año de 1976, el peso se ha devaluado en múltiples ocasiones, en la que se pasó de un valor de 12,50, a 18 mil 200 pesos, considerando que durante el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, al peso se le quitaron tres ceros.

En este escenario de crisis, la situación para Chiapas se prevé poco alentadora, lo que debiera obligar al establecimiento de un fuerte alianza entre la población y el gobierno, con el fin de evitar que la crisis sea mucho peor de lo que se prevé, pero esto no parece importarle al gobierno actual que continúa con su indiferencia y creyendo que la función de gobernar es irrelevante.

Esto conduce a una desatención de los problemas –como sucedió con los acontecimientos de Chiapa de Corzo con la visita presidencial, en el que la inconformidad se conoció desde el jueves, en la que nada se hizo para neutralizarla- y peor aún, a asumir prácticas conspirativas en la recta final del gobierno –como bien se expresa en el mensaje de ayer del gobernador en la ciudad de Huixtla, en el que reconoció que los enemigos están en el gobierno-, en donde intenta dar un manotazo, demasiado tarde como para que ese gesto lo crean sus colaboradores y más los gobernados.

Lo peor de la crisis está por venir y lo grave es que no se tomaron las previsiones necesarias para mitigar sus efectos.