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La encrucijada electoral en Chiapas

Editorial
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Definida la candidatura del PRI a la presidencia de la república, la situación de la candidatura a la gubernatura en Chiapas adquiere matices diferentes, en virtud de la recomposición que puede darse entre los intereses políticos de los grupos locales y los intereses  nacionales que existen sobre Chiapas.

 

Históricamente la gubernatura de Chiapas se ha definido en el centro del país. Inclusive en los dos períodos en que la entidad fue gobernada por la supuesta izquierda, a través de dos gobernadores con orígenes priistas. Pablo Salazar fue una candidatura apoyada por Los Pinos, que había definido la intención de entregar la gubernatura de la entidad a la oposición y Juan Sabines, que primero fue un candidato que representaba los intereses locales del gobernador, obtuvo su triunfo a partir de que estableció una alianza con los panistas que rodeaban al presidente electo, en el que Juan Camilo Mouriño fue determinante para inclinar la balanza a su favor, y en donde el Magistrado ponente en el TRIFE, el chiapaneco Alejandro Luna Ramos, solo cumplió con los intereses que le dictaron por el grupo en el poder, aún y cuando las irregularidades en el proceso parecían irrefutables.

En Chiapas está claro quienes representan los intereses  nacionales y quienes pueden encarnar los intereses políticos locales. Entre los primeros están Luis Armando Melgar y Roberto Albores Gleason y entre los segundos se encuentra Eduardo Ramírez Aguilar y José Antonio Aguilar Bodegas, en el caso de Rutilio Escandón Cadenas hay que decir que el juega el papel del tonto útil.

En este sentido, si prevalecen sobre Chiapas los intereses nacionales, seguramente el candidato a la gubernatura será el senador Luis Armando Melgar, sobre todo por los intereses de la televisora Azteca, que no sólo respalda su candidatura, sino porque se estaría neutralizando el apoyo de esta empresa hacia la candidatura presidencial de López Obrador.

De igual manera, si lo que se pretende es mantener la prioridad de los intereses locales, tanto Eduardo Ramírez como Aguilar Bodegas tienen estructura electoral, que les permite competir e incluso ganar las elecciones. Sin embargo uno, con su proyecto, pone en riesgo al gobernador del Estado a quien los intereses del candidato de la república le estaría cobrando las facturas de un pésimo gobierno, donde la corrupción y el despilfarro se enseñorearon en la administración.

El otro, Aguilar Bodegas, estaría generando una ruptura con el régimen, que cuestionaría la incapacidad del PRI para autoreformarse, y que evidencia la antidemocracia que priva en las prácticas políticas en ese partido, lo que lo puede convertir en un buen candidato pero que, en este momento, no tiene partido.   

Como en los procesos electorales anteriores, Chiapas solo representa un botín para la perspectiva del centro del país, en el que ahora existen proyectados más de 150 megaproyectos mineros, lo que afectaría considerablemente el hábitat en las diferentes regiones y en donde se estaría poniendo en juego la vida misma.