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Wed, Jul
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Se le descompuso las elecciones a Velasco Coello

Editorial
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En los cinco años de desgobierno que ha vivido Chiapas, la única preocupación del gobernador Velasco Coello son las elecciones.

 

De manera permanente, toda la atención de Manuel Velasco y los recursos de la entidad, se concentró en ganar las elecciones intermedias del 2015, en ese proceso ganó la mayoría en todo, pero eso no le significó gobernar; es más la situación política se le complicó por los conflictos que surgieron en los municipios indígenas en el que hubo licencias en alguno de ellos, como Tila, el lamentable asesinato del presidente de San Juan Chamula y los problemas todavía vigentes en los municipios de Oxchuc y Chenalhó.

El gobernador, después de cinco años en funciones, no ha entendido que ganar elecciones no significa gobernar ni tener el control de los hilos del poder público y ahora su cabeza pende de un hilo, pues los acontecimientos se pueden precipitar en cualquier momento y con ello conflictuarse el proceso electoral, que se preveía terso y sin complicaciones y que puede ser competitivo y de resultado incierto.

El PRI es un partido muy golpeado, no solo por la renuncia de José Antonio Aguilar Bodegas, minimizada por la dirigencia, pero que exhibe la incapacidad de renovación y de autoreforma de las prácticas en ese partido encabezado por la presidencia de la república, sino porque las relaciones al interior del PRI se conflictúan debido a que en el reparto de las diputaciones federales y de las senadurías acordadas en el convenio de alianza PRI-Verde, a los priistas les dejaron puras miserias.

Las dos senadurías en disputa son para el Verde, una de ellas para Sasil de León Villar, el capricho de Velasco Coello y la otra para curar las heridas de uno de los contendientes del proceso. Pero lo extremo del convenio es que de 13 diputaciones federales de la entidad, nueve son para militantes del Verde, una para el PANAl y tres para el PRI, lo que evidencia el desprecio del Comité Nacional a la militancia de Chiapas. Situación que hace suponer más renuncias a un partido que no se caracteriza por el respeto a sus militantes, pero que además ahora con sus decisiones los humilla.

Bajo ese escenario el PRI tiene pocas posibilidades para ganar en la entidad y eso no se lo van a perdonar a Velasco Coello los hombres que desde la Ciudad de México manejan las finanzas y el presupuesto del país, que le apuestan al senador Roberto Albores Gleason.

De igual forma no pasa desapercibido que Velasco Coello influyó en un reparto leonino de las diputaciones, para brindar protección e inmunidad a nueve de sus colaboradores, que bajo el fuero federal van a poder gozar las raterías al erario chiapaneco que han realizado.

Desde ahora se augura la peor representación de Chiapas, producto de la complicidad y la corrupción y no de los méritos profesionales, que de nada le van a servir al que sea el próximo gobernador de la entidad, como sucedió con la actual diputación chiapaneca, que se caracterizó por su inutilidad y su incompetencia.

Manuel Velasco empieza a vivir una orfandad política que puede ser más cruenta por su alejamiento con la población, las organizaciones y sus desplantes e incumplimiento con los periodistas y los editores. Él no forma parte de la camarilla que rodea al candidato y además es mal visto, por la alianza que estableció con Osorio Chong, a quien seguramente le están cargando las culpas del enrarecimiento al PRI del proceso electoral en la entidad. En el que Manuel Velasco puede quedarse sin candidato, debido a que por su inseguridad personal no logró construir la opción “A” y el plan “B”. De la sucesión en el Estado.