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Los riesgos de una mala decisión electoral

Editorial
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La coyuntura del proceso electoral del 2018 no puede circunscribirse a una estrategia de guerra sucia o a una campaña mediática por la obtención de los votos para ganar las elecciones sino a la mejora de la vida pública y a la transformación del régimen político. En este sentido, el proceso electoral del 2018 se ha sobrecargado de emociones, intereses y pasión; hay quienes lo imaginan como un proceso renovador de esperanza, pero también hay otros que lo imaginan como un riesgo a la seguridad y al bienestar de Chiapas, sobre todo porque puede darse otra nueva equivocación en la elección del gobernante, como ya existió en procesos pasados en la entidad.

 

En esa carga de emociones, intereses y pasión se reproducen odios, ira, simpatías y complicidades hacia los políticos. Nunca como hasta ahora se había producido tanto  rechazo y corajes a la clase política en la que no se salva el presidente de la república ni el gobernador de la entidad. Esto deja entrever, de igual manera, rechazos y odios hacia propuestas de gobierno y hacia los precandidatos a la gubernatura.

Esta carga de emociones no se está percibiendo en su justa dimensión por el gobierno  ni por los aspirantes que andan en campaña, quienes sólo tienen el propósito de ganar las elecciones al costo que sea, y no perciben que el malestar y hartazgo de la gente va creciendo, a punto tal  que pueden llegar a presentarse agresiones hacia candidatos, porque así se está calentando el ambiente político o porque algunos de los que están pidiendo el voto ya ocuparon cargos de elección e incumplieron sus compromisos y engañaron a los electores.

En las condiciones de guerra sucia que hay, se están produciendo y circulando videos en contra de aspirantes a la gubernatura, que excitan al odio, a la desinformación, al escarnio,  al linchamiento mediático y en muchos casos, a la invención de sucesos. Este tipo de campañas, que desafortunadamente son parte de la actividad política, no ayudan en la mejora de la cultura política y sí genera  mucho daño, pues producen confusión y alarmismo en una sociedad que se caracteriza por su ignorancia

Los comentarios de odio y coraje no sólo se dirigen al gobernador sino también a aspirantes a la gubernatura y funcionarios públicos: Eduardo Ramírez, Rutilio Escandón, Fernando Castellanos, Luis Armando Melgar, Roberto Albores y Zoé Robledo, todos ellos son objeto de descalificaciones y escarnio. A punto tal que cualquier acción o comentario que digan genera desconfianza, incredulidad y críticas. Aquí ya no se distingue si son positivas o no las acciones, lo que prevalece en muchos sectores es el descrédito y la desconfianza.

Lo extremo de esta situación, es que aspirantes a la gubernatura no muestra mesura en sus actos ni respeto a la legalidad, en donde se percibe un uso indiscriminado de recursos públicos, en el que se dejan evidencias que poco les importa el interés colectivo de Chiapas y los chiapanecos, ni se muestran favorables a proyectos que mejoren los niveles de bienestar de la población.

Hasta ahora, los aspirantes no muestran la preocupación sobre los riesgos y las amenazas de este proceso electoral para Chiapas. Hay una polarización en la población, un crecimiento de la pobreza, una mayor desigualdad social, pocas expectativas de desarrollo de las actividades agropecuarias, un encono en las comunidades indígenas, una violencia generalizada que afecta actividades productivas y turísticas, un resentimiento social por la falta de empleo y oportunidades educativas y, como corolario de todo ello, un Chiapas endeudado que limita considerablemente las expectativas de un futuro mejor, situación que genera conflictos y la violencia está a flor de piel en muchas comunidades.

Estas problemáticas sociales no se encuentran en la discusión electoral ni en el discurso de los candidatos. De allí pues, los riesgos de la guerra sucia que elimina  las visiones propuestas y proyectos de gobierno, para mejorar a Chiapas.

Ante este panorama existe una desorganización ciudadana, sin posibilidades de inclinar la balanza hacia una opción política que se proponga la mejora de la vida púbica en Chiapas. Queda claro que no se ha aprendido de las experiencias pasadas: en el 2000 se equivocó en la elección de Pablo Salazar; en el 2006 la equivocación fue garrafal al dejar que Juan Sabines llegará al poder; en el 2012 Manuel Velasco creó expectativas sociales  que no sólo no cumplió, sino que va a dejar a Chiapas en las peores condiciones económicas y sociales y una sociedad polarizada.

El presente está cargado de una incertidumbre atroz, pero el futuro inmediato que se avecina para Chiapas puede ser peor y no se están previendo escenarios para la construcción de los acuerdos políticos, que asegure la mejora de la vida pública.