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“¡A la mama del Chapo sí, a nosotras no!”, recriminan familiares de desaparecidos a AMLO

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Una señora golpea con fuerza la ventanilla izquierda del lado del chofer donde en el asiento diestro viene de copiloto el presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador: “Devuélvame a mi hija, como sea, pero regrésemela. Usted me dijo que me iba a ayudar”, pide y vuelve a manotear con fuerza el cristal de una Suburban negra.

López Obrador le hace un gesto corporal de “abrazo”. Las dos ventanillas de la camioneta permanecen hasta arriba. En el asiento de atrás, impávido, con el rostro descompuesto, el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García.

La camioneta trata de avanzar, entre un centenar de manifestantes: Familiares de desaparecidos en búsqueda de sus hijos y en contra del recorte presupuestal a la CEAV; enfermeros y doctores del sector salud que reclaman una basificación e insumos para enfrentar el coronavirus; campesinos reclamando los apoyos prometidos al campo; manifestantes y peticionarios independientes…

Al otro lado, pujando fuerte, una decena de empleados de la ayudantía presidencial y media docena de policías estatales vestidos de civil “hacen equipo” para abrir a empujones a los manifestantes quienes rodean la camioneta.

Otra señora del colectivo “Familias Enlaces Xalapa” extiende una lona con fotografías con los rostros de un centenar de desaparecidos, se coloca en el cofre de la camioneta donde va López Obrador: “Bájese a escucharnos, queremos que nos oiga, atiéndanos señor presidente”, grita, y nada.

Desde la ventanilla solo hay gesticulaciones, el chofer de López Obrador recrimina con la mirada a los policías de civil. De repente en medio de la nada y al borde del llanto se escucha el grito polémico: “¿Cómo no somos la mama de El Chapo, por eso no nos atiende?”, “yo no soy mama del Chapo, pero escúcheme”.

Una señora se une al coro de reclamos. Con lágrimas de rabia y de sentimiento, exclama: “¡A la mamá del Chapo sí, a nosotros no!”

Bloqueo al convoy presidencial

La camioneta donde viajaba López Obrador tardó más de dos minutos en avanzar un tramo de 50 metros para “zafarse” de los manifestantes. Una empleada del gobierno de Cuitláhuac García se metía desesperada en medio de los manifestantes, manoteaba y gritaba con los ojos desorbitados: “Dejen avanzar al señor presidente, respeten la sana distancia, la sana distancia por favor”.

La camioneta arrancó. En el batallón de infantería de la Sexta Región Militar en Emiliano Zapata, municipio conurbado a Xalapa solo quedó la lluvia de reclamos:

“Este es un año perdido en búsqueda de desaparecidos, tenía razón el presidente cuando dijo que la pandemia le vino como anillo al dedo, porque así, con ese pretexto no hay búsqueda de desaparecidos”, exclamó irritada Fabiola Pensado quien desde marzo del 2014 busca a su hijo, Argenis Yosimar Pensado Barrera.

Los familiares de desaparecidos bloquearon por espacio de cinco minutos la carretera Veracruz-Xalapa para hacer patente su enojo, de lo que llamaron un completo desdén presidencial pues desde el pasado 4 de junio, diversos colectivos de desaparecidos en el país acampan en el zócalo de la Ciudad de México en espera de ser recibidos por López Obrador. En esos campamentos también hay varios familiares de desaparecidos de Veracruz.

Eridany Amante Torres, tiene sus mejillas coloradas, las rodillas un tanto raspadas, lleva 90 minutos amordazada con dos pañoletas negras en ojos y boca. Se amarró las manos con una reata de un cuarto de metro para simular una desaparición forzada. Hincada junto con 40 familiares de víctimas de desaparición y desaparición forzada esperaron durante tres horas ser atendidas por el presidente. Fue en vano.

Ante la indiferencia del Estado, la simulación gubernamental y el desdén militar, Eridany Amante canta hincada en las afueras del batallón militar “desapariciones” de Rubén Blades: “¿Adónde van los desaparecidos?, busca en el agua y en los matorrales. ¿Y por qué es que se desaparecen?, porque no todos somos iguales. ¿Y cuándo vuelve el desaparecido?, cada vez que los trae el pensamiento”.

Eridany busca a su hermano Manuel Amante, oriundo de Coatepec y desaparecido en Autlán, Jalisco, en febrero del 2018 junto con su novia.

En la casa de los Amante Torres hoy no hay nadie en casa. La madre de Eridany y Manuel, Beatriz Torres Zuleta está en el campamento del zócalo de la Ciudad de México desde el 4 de junio pasado, junto con familiares de desaparecidos de todo el país, en espera también de una audiencia con el presidente López Obrador. Once días han pasado y no han sido recibidos.

El amplificador que llevaron al batallón militar familiares de desaparecidos se escucha con fuerza. Adentro del recinto oficial se lleva a cabo la conferencia mañanera presidencial en la que López Obrador descartó la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, felicitó al gobernador, Cuitláhuac García por una reforma electoral que reduce prerrogativas de partidos políticos y donde expresó que miembros del PAN y del PRI son “hipócritas” que se “ensarapan” en una falsa oposición que no quiere renunciar a sus prebendas de potentados.

Trabajadores de la salud exigen basificación

Afuera las protestas continúan igual. Personal de enfermería del Centro de Alta Especialidad (CAE) de Xalapa -hoy centro covid- reprochó que han laborado por más de siete años con un contrato eventual y un pago de tres mil 500 pesos quincenales, con largas esperanzas de una basificación.

Imelda Lira Soto, enfermera del CAE exigió que se respete el escalafón para la basificación, “porque en realidad hay enfermeros que acaban de entrar y ya tienen base”, lamentó.

“Pedimos que nos basifiquen, tenemos más de 7 años laborando con contrato eventual, solo queremos la basificación, en cuestión de enfermería somos 120 con contrato eventual en el CAE”, insistió.

Destacó que no tienen ningún representante y solo quieren la base para tener un sueldo justo, ya que durante este lapso les han dicho que “pronto lo van hacer”. Sin embargo, criticó que no se dan cuenta que son la base del hospital y más ahora que son centro covid-19.

“Todos estamos ahorita con esta pandemia, comprar una base cuesta 200 mil pesos y no tenemos los medios para conseguirla, solo pedimos el apoyo del presidente para que nos cumpla lo que nos prometió”.

Lira Soto lamentó que durante la emergencia sanitaria de SARS-Cov2, un aproximado de 30 médicos y enfermeras se han infectado: “Tenemos nuestro equipo de protección, no de la mejor calidad, pero si tenemos insumos, estamos al frente de la pandemia, tenemos reos, pacientes complicados, estamos ahí”.

Seguridad en Veracruz

En su segunda gira a Veracruz desde que comenzó la pandemia por coronavirus, en está ocasión López Obrador solo visitó el batallón de infantería de la sexta región militar. Ahí encabezó una reunión de seguridad denominada “Mesas para la Construcción de la Paz” donde se dijo que en cinco municipios de Veracruz se concentra el mayor índice delictivo en la entidad.

El secretario de la Defensa Nacional (Sedena), Luis Crescencio Sandoval explicó que estos municipios son Veracruz, Poza Rica, Coatzacoalcos, Xalapa y Córdoba. En cuanto a los homicidios dolosos, Veracruz está en noveno lugar a nivel nacional con 1 mil 872 casos, arriba de la media nacional con 1 mil 301 casos.

Culminados los actos protocolarios, López Obrador desayunó de forma rápida en el inmueble militar, para salir y toparse con una lluvia de manifestaciones que logró esquivar en medio de apuros. En sus más de diez visitas a Veracruz -desde que es presidente de la república-, nunca se le había visto el rostro tan descompuesto. Pese a los “abrazos” corporales enviados desde su camioneta, está vez, del otro lado, no hubo aplausos.