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De vergüenza el quinto informe de gobierno

Editorial
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El gobierno de Manuel Velasco Coello, en su quinto informe, perdió la última oportunidad de hablar con la verdad de la situación actual de Chiapas, de reconocer sus errores, de elaborar un diagnóstico para el próximo gobierno sobre las carencias y problemáticas de la entidad y de convocar a la construcción de una alianza, que permita sentar las bases para un Chiapas diferente. Lo que se vio, es que nuevamente le ganó la inmadurez, el show de la familia integrada, la frivolidad y el desprecio que le tiene a la población chiapaneca.

 

Manuel Velasco vive en un mundo irreal y expresa sus banalidades, en donde no le interesa percibir el malestar y la irritación generalizado que hay en todo Chiapas contra su gestión y en mucho, contra su familia, en donde la crítica que sobresale es su falta de palabra y el incumplimiento recurrente de los compromisos que establece. Nunca entendió que el peor político es aquel que no cumple sus tratos.

La transparencia no es una característica del actual gobierno. Por eso no resulta extraña la opacidad que existe en el manejo de la información sobre los empréstitos que autorizó al respecto el Congreso Local al gobierno de Juan Sabines ni ha existido el mínimo intento de explicar en qué fueron invertidos esos recursos y el impacto que tuvo sobre la economía local. Manuel Velasco se queja de la enorme carga que significa el pago de esa deuda –incluso mencionó el pago de 9 mil millones de pesos en estos cinco años del pago de interés efectuado-, pero jamás tuvo el propósito de formar una comisión de la verdad para que investigara las condiciones en que se hicieron esos préstamos y sobre el uso que se le dio a esos recursos. Sobre todo porque muchos de esos préstamos que autorizó el Congreso Local fueron ilegales, pues no se realizaron en apego al Art. 117 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, que establece que la deuda debe autorizarse para inversiones públicas productivas o para el refinanciamiento o reestructura de la deuda.

Chiapas en este momento representa la viva imagen del caos y del desgobierno. Debido fundamentalmente a lo incomprensible que han resultado las decisiones políticas que ha tomado Manuel Velasco. Mantuvo un aparato público sin rumbo, en la que no hubo una política social y de combate a la pobreza; no hubo una política para la recuperación económica y de fortalecimiento a las actividades productivas; no hubo gobernanza ni capacidad en la secretaría de gobierno en el que la protesta de los grupos no ha sido atendida y en el que se les miente en los acuerdos y no hay seguimiento para su cumplimiento; no tuvo la mínima idea sobre los problemas de la educación y para colmo, cuando efectuó cambios, la nota siempre fue la incompetencia de los designados.

En el quinto año de gobierno quedó demostrado que Manuel Velasco no estaba preparado ni política ni intelectualmente para gobernar Chiapas y los resultados obtenidos hablan por sí solo.

En los próximos horas el gobernador deberá definir su futuro inmediato: continuar en la  gubernatura o irse como candidato al senado en el listado plurinominal del partido verde. Cualquiera que sea su decisión, hay que señalar que los tiempos concluyeron para este gobierno en medio de un rechazo y una tensión social, que evidencia el nivel de deterioro político que hay en Chiapas, en donde la preocupación del gobernador siempre fue la de ganar él y terminó creando una situación en la que todos pierden.

De continuar en el gobierno se corre el riesgo de un incremento de la irritación con violencia y de una alteración generalizada del orden, con pocas posibilidades de reconstruir gobernabilidad y con posibilidades de una mejora de la vida pública. Lo que se debe entender como un fracaso de Manuel Velasco como gobernante.