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El futuro de las universidades públicas en Chiapas

Editorial
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La educación superior en Chiapas ha tenido en los últimos 16 años un estancamiento preocupante en sus resultados y en la calidad educativa. Y esto no podría ser de otra manera pues la entidad arrastra un déficit en los procesos de enseñanza-aprendizaje, en la calidad de la docencia y en infraestructura escolar desde los niveles de primaria, secundaria y bachillerato.

 

Durante estos años, en lugar de impulsar un proyecto de mejora y fortalecimiento de la infraestructura y procesos de la vida universitaria  –en la UNACH y UNICACH-, los gobiernos de la entidad promovieron la creación de nuevas instituciones de educación superior; como fueron la Universidad Intercultural de Chiapas, la Universidad Politécnica y la Universidad de La Selva, quienes integraron una planta joven de docentes, algunos de  ellos con altos grados académicos, pero que al paso de los años reprodujeron prácticas que dificultaron su crecimiento y consolidación y hoy por ejemplo la UNICH vive un conflicto que paraliza la vida académica y destruyó el modelo educativo.

En el año 2000, Chiapas, junto con Oaxaca y Guerrero, formaban parte del Sistema de Investigación Benito Juárez, del CONACyT, y los indicadores de la UNACH mostraban una mejoría en relación a los indicadores de otras universidades de la Región Sur Sureste, en la que la Universidad Veracruzana y la Autónoma de Yucatán, se perfilaban como las mejores de la zona.

Sin embargo algunas Universidades Públicas Estatales tomaron decisiones de transformación interna en la mejora de las funciones sustantivas (investigación, extensión, docencia y vinculación) lo que les permitió alcanzar considerablemente los indicadores de calidad, con lo cual logran tener avances considerables mejorando su posición dentro del Ranking nacional de universidades.

En este sentido, la Universidad Autónoma de Guerrero, en el año 2016, pasó a ocupar el lugar 24 del Ranking de calidad; la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco ocupa el lugar 21;  la Universidad Veracruzana en el lugar 12 mantiene sus estándares de rendimiento en la Región al igual que la Universidad Autónoma de Yucatán que se encuentra en el lugar 22.

La universidad chiapaneca en mejor posición en el Ranking 2016, es la UNACH, ubicada en el lugar 35.

¿Qué pasó durante estos años, que los resultados de las universidades chiapanecas no mejoraron? No puede haber sólo una respuesta a esta interrogante, pero en general, las administraciones en las distintas universidades no impulsaron las reformas universitarias fundamentales para mejorar los procesos al interior de la instituciones, le apostaron al crecimiento de la oferta educativa en otros municipios sin consolidar la sede original y todos los proyectos de financiamiento de la SEP, fueron utilizados para construir edificios que evidenciaban una mejoría hacia el exterior.

En la UNICH se construyeron modernas instalaciones, y lo mismo hizo en las subsedes de Las Margaritas, Yajalón, Oxchuc y Salto del Agua; En la Universidad Tecnológica de La Selva se levantaron un conjunto de edificios y laboratorios como universidad de primer mundo; La Universidad Politécnica, construyó su escuela en Suchiapa y lo hizo utilizando tecnología solar para el ahorro de energía eléctrica; la UNICACH construyó el campus universitario y además construyó instalaciones en sus escuelas regionalizadas en 13 municipios y la UNACH hizo lo mismo al construir una Ciudad Universitaria y edificios e instalaciones en la mayoría de sus campus.

La falta de visión académica, ocasionó que las autoridades le apostaran en todas las universidades públicas en Chiapas a la construcción de edificios y no a la mejora de los procesos educativos y del fortalecimiento del profesorado. Si bien la infraestructura es una condición para el desarrollo educativo, no es la condición fundamental ni imprescindible que requiere la universidad pública para consolidarse y cumplir con las funciones para la cual está destinada.

El estancamiento de las universidades en Chiapas está en las limitaciones que tienen en la generación, aplicación, innovación y trasferencia del conocimiento; en la que existen poca o casi nula investigación, poca producción científica, ausencia de vinculación, en los criterios poco claros en la contratación del personal académico, en una currícula rígida y obsoleta, en una formación de profesionistas poco comprometidos con la mejora de los contextos sociales y con autoridades universitarias que representan importantes lastres para el desarrollo de las actividades sustantivas de la universidad.

Si las universidades en Chiapas de verdad quieren mejorar los indicadores de productividad y formar profesionistas capaces de innovar y transformar la vida pública, el camino es el impulso de reformas universitarias, en la que se escuchen e incorporen las voces de los actores universitarios, para definir el rumbo de las transformaciones académicas y el camino en el cual se quiere transitar para construir la universidad que se quiere. De no impulsar un amplio programa de mejoras universitarias, que incida en un proyecto de Responsabilidad Social Universitaria, en la que haya una apuesta a la generación y aplicación del conocimiento, en una formación de profesionistas interesados en la mejora del entorno y en la construcción de un proyecto de nuevas ciudadanías, las universidades chiapanecas no tendrán futuro y terminarán siendo una carga presupuestal para la sociedad chiapaneca.