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El gobierno sin rumbo ni resultados

Editorial
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El gobierno del Estado padece una peligrosa parálisis en la toma de decisiones, en la que bien a bien se desconoce quién es el que manda, pero se rumora que es Roberto Rubio el que viene tomando decisiones cada vez más desacertadas, que han convertido la gobernanza de la entidad en un polvorín, en donde  se percibe una descomposición social de alto riesgo hacia el proceso electoral en el 2018.

 

La crisis que hay en este momento en Chiapas se debe fundamentalmente a la falta de oficio que hay en el palacio de gobierno. En el que se combina la indiferencia, la ignorancia y la irresponsabilidad, con la corrupción y la impunidad, situación que ha generado un gobierno sin rumbo y sin resultados, en el que la pérdida de legitimidad ha sido creciente y en donde el desempeño del gobernador ha sido evaluado con la calificación más baja de los gobernantes del país.

En Chiapas hay una ausencia de programas de gobierno; una ineficacia en la atención de las demandas de la población; un gabinete que se caracteriza por sus niveles de incompetencia y con una ausencia de compromiso  social en la mejora de la vida pública, que la pobreza de la población en la entidad creció en estos cinco años de gobierno.

Es un comentario frecuente, que el gobernado de la entidad pasa más días de la semana fuera de la entidad, lo que genera que no se atienda la actividad política las 24 horas del día. Hoy mismo, en plena crisis de su gobierno en el que destaca el conflicto de Chenalhó y Chalchihuitán, el gobernante está más interesado en su futuro político y se encuentra en la Ciudad de México, tratando de congraciarse con el candidato del PRI a la presidencia, en lugar de estar atendiendo los graves problemas de gobernabilidad que hay en el Estado. Pero también se tienen evidencias, que el secretario de gobierno carece de influencia política alguna y que prácticamente es una estatua, porque le resulta imposible convocar y coordinar una reunión de gabinete para poner orden en la casa. De allí la incertidumbre de que no se tenga claro sobre quién es el que manda realmente en el gobierno.

Lo grave a esta situación, es que el gobernador se rodeó de gente joven e inexperta y con una ansias por enriquecerse rápidamente, en la que en muy poco tiempo de gobierno se mostró la inoperancia de todos ellos y el gobernante terminó quedándose sin amigos y sin colaboradores, pero en la que tampoco realizó cambios y ajustes necesarios porque entró en una crisis de confianza.

Pero lo mismo puede decirse de funcionarios con supuesta experiencia, como Juan Carlos Gómez Aranda, que mucho daño le está haciendo a Chiapas por su indolencia y pasividad en el manejo de la política interna y la seguridad del Estado, quien por vergüenza y decoro, debiera de presentar su renuncia por iniciativa propia y no continuar con el papel de maestro de ceremonias en la toma de protesta de los funcionarios, como si fuera el bufón de pueblo, percibiendo con claridad que todo a su alrededor se descompone sin que nadie tome decisión alguna para enderezar un barco perdido en la inacción.

Al finalizar el quinto año de gobierno, se dejan traslucir simbolismos políticos que pueden resultar de altos costos sociales, como el desánimo que hay para gobernar, en donde la actividad del gobierno se volvió irrelevante para el gobernador. La tradición de la política a la mexicana indica que lo que parece es; y  en Chiapas parece que el gobernante ya no quiere continuar en el cargo y que le incomodan las noticias de los problemas que a diario se multiplican por todo el territorio. Eso genera que exista una situación de caos en varios puntos de la geografía chiapaneca, en la que nadie en el gobierno muestra un interés por evitar que el barco se hunda.

En Chiapas los políticos y funcionarios de los tres niveles de gobierno no lograron entender que el propósito de la actividad política es la de responder a la creación de una sociedad en las que se reproduzcan la libertad, la convivencia democrática, los derechos humanos, el respeto a la diferencia, los anhelos por la paz, el respeto al medio ambiente y una lucha permanente por la construcción de mejores estándares de vida para la población. Y como no entienden este espíritu de la política, estos aprendices de políticos prefirieron manejarse en la ilegalidad, en el cinismo, en la opacidad, en la corrupción y en la impunidad y creen que esto es para siempre, por eso miran el 2018 como la continuidad de las fechorías y no perciben que la sucesión es un riesgo, en el que se les puede llegar a pedir cuentas y donde muchos de ellos pueden terminar siendo procesados porque los niveles de corrupción son inocultables, en el que en cinco años de gobierno muchos de los funcionarios amasaron una fortuna incalculable.