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Los grandes electores de julio del 2018

Editorial
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El escenario político actual en México y especialmente en Chiapas, no puede ser más devastador. Sobre todo porque ni el presidente Peña Nieto ni el gobernador Velasco Coello, se imaginaron llegar al proceso sucesorio de gobierno con los bajos niveles de aceptación popular que tienen: uno tiene menos del 20% y el otro un 11%, y ambos corren el riesgo de que sus porcentajes disminuyan conforme se acerque el día de las elecciones.

 

Estas circunstancias de pérdida de legitimidad, puede generar confusión al considerar que el presidente o el gobernador tienen un papel limitado e inclusive poco determinante sobre los resultados en el proceso electoral del 2018 y que no van a influir en las elecciones. Esta interpretación puede llevar a equivocaciones, pues aún y con su bajo nivel de reconocimiento, ambos personajes siguen siendo electores determinantes.

Si bien es cierto que por primera ocasión, del régimen político surgido de la Revolución Mexicana, se presenta un agotamiento de la figura presidencial, varios meses antes de que finalice el sexenio de su mandato. Esto crea un escenario de incertidumbre, pues el país se caracteriza por un sólido régimen presidencialista, que está a punto de sufrir una eclosión social, por el agotamiento de la figura presidencial, en donde se prevé una nueva derrota del PRI en las próximas elecciones presidenciales.

La tradición política mexicana señala que el presidente juega un papel decisorio y determinante en la designación de su sucesor. Así sucedió en el año 2000, que marca el primer gobierno de alternancia, en donde el presidente en ese momento, Ernesto Zedillo, inclinó la balanza para que Vicente Fox obtuviera el triunfo en esas elecciones.

Misma situación se presentó en los procesos de elección del 2006 y del 2012, en donde el avance político de Andrés Manuel López Obrador orilló a que desde la presidencia de la república se tejiera el triunfo de Felipe Calderón y lo mismo sucedió en las elecciones en la que resultó ganador Enrique Peña Nieto.

Sin embargo, todo indica que el proceso electoral del 2018 puede ser distinto: una transición pactada con AMLO, quien de acuerdo con las encuestas se perfila como el vencedor de la contienda electoral. Eso significa un acuerdo de salvoconductos que aseguran inmunidad política, como sucedió con los expresidentes Ernesto Zedillo y Felipe Calderón.

Similar circunstancia se vive en Chiapas. El gobernador Velasco Coello tiene muchos negativos en su gobierno, en el que se quedó sin su candidato favorito, lo que lo obliga a mantener el puente de comunicación y apoyos de recursos con los otros candidatos, de tal manera que aún y con su bajo nivel de aceptación, el gobernador continúe siendo el principal elector en la entidad y con ello busca evitar una situación similar a la que viven los exgobernadores de Veracruz, Tamaulipas, Chihuahua o Quintana Roo, que tienen problemas con la justicia.

Las posibilidades del triunfo del PRI se redujeron considerablemente. Y aún y cuando exista alguna posibilidad de ese partido de ganar la contienda, ese triunfo va a estar cuestionado, y las posibilidades para construir gobernabilidad van a ser mínimas.