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Legalizar la cocaína, una propuesta que se abre paso

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Hace casi tres décadas The Economist propuso que se legalizara la mariguana. Y así ha ido sucediendo en varios países. Ahora, el semanario británico lanza la propuesta de legalizar la cocaína. El argumento: que la lucha contra el tráfico de esa droga ilegal ha sido, además de inútil, muy costosa en vidas y recursos. “La prohibición no está funcionando”, asegura el medio londinense… y la propuesta es bien vista por el presidente colombiano Gustavo Petro.

Hace unos días los votantes de los estados de Maryland y Misuri aprobaron el consumo recreacional de la mariguana, con lo que ya son 21 los estados de la Unión Americana donde el uso de esa droga es legal. Colombia, México y Chile se encaminan a aprobar leyes nacionales en esa dirección y Alemania ya tiene listo un marco jurídico para despenalizar la cannabis.

Es un hecho que desde hace tres décadas, cuando el semanario londinense The Economist propuso legalizar las drogas, mucho se ha avanzado en lo que entonces parecía impensable: la despenalización de la mariguana, conocida también como cannabis. Holanda, Uruguay y Canadá son países pioneros en la regulación de esa droga con fines lúdicos y muchos otros tienen autorizado su uso medicinal.

En medio de esa tímida aproximación a un nuevo enfoque en la prohibicionista política de drogas que ha prevalecido en el mundo más de 50 años, The Economist, la revista promercado más leída en los centros de poder, acaba de lanzar una propuesta aún más audaz: despenalizar la producción, la comercialización y el uso de cocaína, un psicotrópico considerado más “duro” y adictivo que la mariguana.

La propuesta fue hecha por el semanario el mes pasado en un editorial en el que aseguró que “los costos de la prohibición (de esa droga) superan los beneficios” y en el que acusó al presidente de Estados Unidos, Joe Biden, de ser “demasiado tímido” en su política antidrogas. Unos días antes, el mandatario había indultado a unos seis mil condenados, bajo leyes federales, por poseer pequeñas cantidades de mariguana.

“La prohibición no está funcionando”, señaló la publicación, y eso “se puede ver de manera más sorprendente con la cocaína”, cuyo flujo hacia Estados Unidos “se ha disparado”.

La producción mundial de esa droga alcanzó un récord de mil 982 toneladas en 2020, a pesar de los 10 mil millones de dólares que invirtió Washington en las últimas dos décadas en Colombia, el principal productor, para erradicarla.

“El peor daño recae en los países productores y de tráfico, donde las ganancias de las drogas alimentan la violencia. Los asesinatos en Colombia son tres veces más que en Estados Unidos, y en México, cuatro veces”, aseguró The Economist al proponer “la legalización total” de la producción, venta y consumo de cocaína para impedir que la regulación del mercado y las multimillonarias ganancias queden, como hasta ahora, en manos de las mafias del narcotráfico.

El semanario londinense, considerado un enclave del pensamiento económico neoliberal, elogió la iniciativa del presidente colombiano Gustavo Petro para cambiar el enfoque de “la fracasada guerra antidrogas” y avanzar hacia el fin de la erradicación forzosa de cultivos ilícitos y la despenalización de la producción de hoja de coca.

“Estas son buenas ideas, pero las bandas de cocaína seguirán siendo poderosas mientras su producto sea ilegal en los países ricos que consumen la mayor parte, como Estados Unidos”, señaló.

El editorial de The Economist generó polémicas que dejaron en claro que el tema de la “legalización” de la cocaína –o la “regulación” o “despenalización”, como prefieren decir los académicos que estudian el tema– quedará instalado en el debate global sobre políticas de drogas, aunque podría tardar muchos años en traducirse en políticas públicas no prohibicionistas, como ocurrió con la mariguana.

Para María Alejandra Vélez, directora del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de la Universidad de los Andes, de Colombia, la propuesta del semanario londinense es “muy importante” por la influencia que ejerce en los círculos de poder de todo el mundo, “pero el tema de la regulación de la cocaína es muy polémico y tiene muchas resistencias políticas en Estados Unidos, en Europa, y no es algo que va a suceder en el corto plazo”.

La cocaína, dice la economista a Proceso, es “mucho más compleja como sustancia que la cannabis, y amplios segmentos sociales la rechazan; entonces, ese es un debate que irá paso a paso”.

El mismo The Economist reconoce que el escenario de la regulación de la cocaína no está a la vuelta de la esquina porque no existe un consenso global sobre el tema.

El abogado y doctor en economía Rodrigo Uprimny señala que “por ahora, la prohibición se mantendrá, al menos frente a la cocaína”, por lo que es necesario que los países latinoamericanos afectados por la producción y el tráfico de esa droga desarrollen estrategias dentro del marco del régimen internacional, “por criticable que este sea”.

IVA a la coca

En Colombia, el presidente Petro retuiteó el editorial de The Economist y su director de recaudación tributaria, Luis Carlos Reyes, propuso “legalizar y gravar la cocaína” con el IVA y un impuesto al consumo, como el que se aplica al tabaco y a las bebidas alcohólicas, lo que aportaría unos mil 100 millones de dólares al fisco colombiano cada año.

Hace unos años, Reyes, doctor en economía por la Universidad de Michigan, había escrito en el diario El Espectador que si se legalizaran las drogas a nivel global, el tráfico de cocaína se volvería un negocio insignificante y “nadie se volvería a enriquecer con ella como (lo han hecho) las FARC o los cárteles de Medellín, de Cali, del Golfo y de Sinaloa”.

Varios legisladores del ultraderechista Centro Democrático aseguraron que la propuesta de regular y gravar la cocaína conduciría a “un narcoestado” y acusaron al gobierno buscar hacerles un favor a las mafias de la droga.

Petro ha insistido en que el cambio de enfoque en la política de drogas deber ser parte de un debate hemisférico, pero una corriente de su coalición política, el izquierdista Pacto Histórico, favorece la regulación de la producción de hoja de coca y cocaína en Colombia.

Francisco Thoumi, economista y miembro del comité asesor del informe mundial sobre drogas, de la ONU, considera que Colombia podría proponer un programa para permitir la producción y el consumo interno de cocaína “con una regulación estricta del mercado y sin legalizar la exportación” de esa droga.

“Sería un experimento para que Colombia le mostrara al mundo cómo legalizar la cocaína sin generar muchos problemas, pero aun ese programa hipotético no sería la solución, porque apenas se estaría atacando a uno de los componentes de la ilegalidad”, asegura.

De acuerdo con Thoumi, las experiencias que ha dejado la despenalización de la mariguana en varios países podría ser un punto de partida para intentarlo con la cocaína, pero este último estupefaciente estaría sujeto “a los mismos o a mayores obstáculos” que la cannabis para uso recreativo.

La iniciativa para despenalizar, como primer paso, el cultivo de hoja de coca en Colombia ni siquiera ha sido debatida en el Congreso, donde el gobierno de Petro tiene muchas otras propuestas de ley.

Funcionarios del gobierno de Estados Unidos, como el secretario de Estado, Antony Blinken, y el director de la Oficina de Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca, Rahul Gupta, se han mostrados dispuestos a escuchar las propuestas de Petro en esa materia.

María Alejandra Vélez considera que “sin duda estamos frente a tiempos de cambio” en el debate sobre políticas de drogas “pero tanto el presidente Petro, y definitivamente el presidente Biden, siguen muy tímidos, como lo decía The Economist, con la cocaína”.

La doctora en economía de los recursos naturales de la Universidad de Massachusetts señala que en Estados Unidos aún hay una gran resistencia hacia avanzar a enfoques de regulación del mercado de las drogas, y en especial de drogas “duras”, como la cocaína.

Y señala que esto hace “muy difícil, por ahora, modificar sustancialmente las políticas prohibicionistas”.

Vélez indica que por eso será muy importante ver cómo evolucionan los mercados de la mariguana regulada en los estados y países donde se ha despenalizado el uso recreativo de esa droga.

Dice que, de esa manera, las sociedades podrán hacer una evaluación más informada de las políticas alternativas a la prohibición.